Cocinar: ¿Pérdida de tiempo o inversión en salud?

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Son cada vez más los pacientes que mencionan en su primera consulta nutricional que no cocinan, que no les interesa pasar tiempo en la cocina  y que no tienen la menor intención de modificar esta actitud propia de la cultura moderna. Yo me pregunto: si el porcentaje es alarmante en personas que pretenden ocuparse de su alimentación y concurren a una atención nutricional, cuál será el porcentaje en la población general… muchísimo… claro está!

18l14l5tzxmzajpgHoy estamos atravesando una época dominada por el picoteo, los desarreglos alimentarios, la obesidad y las enfermedades metabólicas ligadas a la nutrición, por excesos y por defectos,  y es la misma época en que constantemente estamos expuestos a un discurso salubrista en los medios , todos sabemos de buena alimentación,  se tiende a oposiciones drásticas y a la especificación extrema de la comida (carnívoros, vegetarianos, pecetarianos, veganos, crudívoros), las empresas alimentarias nos imponen los “alicamentos” (alimentos vistos como medicina, como el yogur con calcio o los minipreparados infantiles que harán niños sanos, lindos e inteligentes) y la expansión de los ultraprocesados, cada vez más baratos para la industria pero cada vez más caros para la salud pública y el ambiente.

Más allá de lo común que se ha vuelto esta costumbre de no elaborar nuestra comida, del calentar por sobre el cocinar, no es normal y no deja de sorprenderme. Son muchas las personas que me consultan por estar sufriendo trastornos gastrointestinales que no son graves pero que disminuyen intensamente su calidad de vida: gastritis, reflujo, cólicos intestinales, constipación y síndrome de intestino irritable, por nombrar sólo algunos. Suele suceder que al preguntarles qué grado de importancia y prioridad le dan al momento sagrado de la comida, en qué ambiente lo hacen, cuán confortable es su silla de comer,  con quién comparten las comidas y cuánto tiempo tardan desde que ingresan a su boca el primer bocado hasta que terminan el plato, se quedan sin respuesta porque jamás concibieron o relacionaron sus dolencias con estos elementos.

Hoy la mujer, quien siempre ocupó un rol central en la elaboración de los alimentos, se ha desvinculado drásticamente y aunque muchos hombres hayan tomado un rol protagónico en este ambiente mágico de la casa, ha quedado un espacio vacío de aromas y ruidos de picar-cortar-mezclar-golpear -amasar, que viene a ocuparlo la industria alimentaria, dando como consecuencia cuestiones para nada gratuitas ni afortunadas como la certeza de que nuestros hijos vivirán 5 a 10 años menos que nosotros sus padres.

cooking-collegeEn esta vorágine del tiempo que no perdona, de un reloj que nos marca cada segundo perdido, no podemos detenernos a pensar que nuestra salud se afecta gravemente abriendo paquetes de manera sistemática. Ese alimento que se convirtió en paquete, tuvo que ser totalmente reconvertido para soportar las  distancias, los  tiempos, las temperaturas, las manipulaciones y las  interacciones con otros alimentos también contenidos en ese paquete, para luego llegar intactos a nuestra boca. Aromatizantes artificiales, conservantes, exaltadores del sabor, colorantes, emulsionantes artificiales, aglutinantes, sodio y azúcar en cantidades inimaginables en una comida hecha en casa,  harina de trigo refinada como ingrediente estrella, jarabe de maíz de alta fructosa y lecitina de soja que jamás faltan porque son muy baratos y con propiedades perfectas para la industria y sus resultados financieros. Todos ingredientes que podrían llamarse “alimentos” que reemplazan la utilización de vegetales frescos y de estación, de hierbas condimentos y especias, de pigmentos naturales, de aceites vegetales  crudos,  de granos enteros correctamente germinados, de semillas frescas activadas con sus aceites esenciales a flor de piel, y con el valioso tiempo mágico que da determinado sabor, aroma y consistencia,  además de los trucos, secretos y el amor exquisito con que se genera un plato en cualquier cocina. Las manos mágicas de mamá, el amor y la fuerza en cada amasado, la energía puesta en ese sublime momento en que la mente está en el aquí y ahora y no piensa más allá,  el momento compartido con quien se acerca a robar su degustación de lo que viene, los aromas y las esperas, toda esta magia y ritual se diluyen en los tiempos modernos… y amenazan con perderse para siempre.

Aunque hay movimientos en todo el mundo (Slow Food es un ejemplo) que no hacen la vista gorda a esta problemática y que ya van tomando cartas en el asunto, reuniéndose, buscando formas y estrategias de no perder el arte culinario y los alimentos y recetas que están en desuso, y teniendo claro que nuestra primer forma de relación con otros seres sociales como nosotros, fue la comida y el compartirla en un clima de amor y disfrute, cuestión que jamás debería perderse u olvidarse. Y que es parte de nuestra esencia humana.

Luciana foto 3Y cerrando mi columna de hoy, con tenedor y cuchillo en mano y ruiditos en la panza te pregunto a vos, querido lector de “Sabe la Tierra”: ¿Qué cocinarás hoy?

 

Lic. Luciana González Ramell (*)

 

 

 

(*) Soy Luciana González Ramella, tengo 31 años y dos hijos (un niño de 3 años y una niña de 7 meses). Vivo en Necochea, provincia de Buenos Aires. Soy Nutricionista (UBA) y Promotora en Salud, Alimentación y Actividad Física, abocada fuertemente a la Salud Pública y dentro de esta gran rama, me considero una activista medioambiental que lucha por una alimentación sana, justa y propia, y por la soberanía alimentaria de nuestros pueblos latinoamericanos. Creo que hay una ciencia que no está siendo escuchada por gran parte de los profesionales de la salud ni por las universidades públicas y privadas, que nos habla del gran conflicto de disociar al hombre de la naturaleza y de querer gobernarla a nuestro antojo. Creo en que volver a escuchar la tierra, volver a pensar a nuestros alimentos como derechos que nos sanan, y no como mercancías que nos gobiernan, es la base del cambio de paradigma que tanto necesitamos como seres humanos para evolucionar y frenar la crisis global que nos toca vivir hoy a nosotros y mañana a nuestras futuras generaciones. Gracias Sabe la Tierra por tu existencia y por dejarme ser parte de ella!

 

 

2 responses on “Cocinar: ¿Pérdida de tiempo o inversión en salud?

  1. Ana dice:

    Gracias!¡¡ <3

  2. Esther dice:

    Estoy de acuerdo es como si nos han sacado la voluntad, me incluyo nos estamos matando somos de la tierra y queremos vivir artificialmente

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